lunes, 19 de agosto de 2019

LAS PROFECIAS DE DON ORIONE





Las profecías de Don Orione

Cuando en nuestra Patria Argentina la mente funcionalista postmoderna, ejerce un monopolio exclusivo y un control siniestro sobre nuestras vidas, por lo que no deja ver los hechos objetivos de la realidad, de la grave crisis con arrasamiento de los valores permanentes que hacen a la dignidad de la vida humana, como matrimonio homosexual, aborto, ideología de género, exacerbación descontrolada de toda clase de aberraciones antinaturales, ofensas perversas contra nuestra identidad nacional cristiana, la inseguridad sin la debida justicia, entre otros ¡Esto bien puede llamarse: libertinaje, no libertad!

La extrema pobreza, miserias y hambre de millones de compatriotas, depresiones y muertes, grave desocupación y angustias, de confrontaciones y divisiones. Esto bien puede llamarse: ¡los ricos dan la espalda a los pobres! Cuando la alta corrupción se enseñorea en todos los estamentos de la conducción nacional. Cuando la soberbia, la mentira y el engaño son moneda corriente. Cuando hay traiciones y falacias. Cuando los poderosos son descubiertos en sus actos punibles. Esto bien puede llamar­se: ¡el escándalo de los encumbrados!

Cuando la proporción y sentido de justicia desaparecen, porque el exceso de iniquidad ha enfriado en el corazón al amor y a la solidaridad, entonces cualquier cosa es posible en esta realidad siniestra que nos impone no obedecer ningún precepto moral, y quiere proyectarnos hacia una divinidad abstracta y así nos sentimos exiliados y aislados en la red de esta anticultura que lucha por destruir el Orden Natural y el Sobrenatural, silenciando o negando la Máxima Ley: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. Porque en el fondo, esta triste y grave crisis está causada por el desamor que vivimos, y es un instante duro, fuerte y terminal. Y percibimos que lo peor se acerca. Nuestra Patria Argentina padece y padecerá gravemente.

Y viene a nuestra memoria las profecías de San Luis Juan Orione sobre Argentina.

El Profeta Amós advertía en la Antigua Alianza: “Dios no hace nada sin revelar sus planes a sus siervos, los profetas”.

Don Orione nació en un pueblito norteño de Italia Pontecurone el 23 de junio de 1872. Sus padres fueron Victorio Orione y Carolina Feltri. Desde niño demostró poseer dones muy especiales. Un día jugando con sus amiguitos, arrancó una flor de forma de campanilla y empezó a sacudirla como si estuviera en Misa. Y la flor tintineó. Su madre Carolina le inculcó las primeras nociones del cristiano. Si bien era un niño inquieto, todos los días iba por los campos hasta una capillita de la Virgen María, a quien le llevaba flores silvestres.

En toda su vida, Don Orione tuvo una relación muy especial, singular, diría inocente con la Santísima Virgen María que la manifestaba permanentemente y realizó múltiples obras por gracias recibidas de la Madre del Cielo.

En marzo de 1903 fun­da la Congregación: Obra de la Divina Providencia con la aprobación del Obispo de la ciudad de Tortona. Y comienza a formar a sus hi­jos en la misión de ayudar y educar a los más pobres, desposeídos y enfermos. La Casa Santa Clara en la que comenzó su Obra fue dedicada a Nuestra Señora de la Divina Providencia. Don Orione tuvo el aprecio y apoyo de San Pío X quien le encomendó tareas muy importantes. En 1913 ante el pedido del Obispo Gomes y Pimenta envía los tres primeros orionitas a Brasil.

En 1921 viaja a Brasil a visitar a sus sacerdotes. En plena tarea apostólica le llega una especial invitación de Monseñor Silvani de la Nunciatura Apostólica en Buenos Aires de viajar a Argentina para satisfacer el pedido del Obispo de La Plata, quien le ofrece a Don Orione va­rios lugares para desarrollar su misión, aceptando la parroquia Nuestra Señora de la Guardia en la localidad de Victoria, siendo así la primera casa de Don Orione en Argentina.

Fue hasta Mar del Plata donde en 1924 surgirá otra casa de Don Orione: el Colegio y la parroquia de La Sagrada Familia. Vuelve a Italia en julio de 1922 donde sigue expandiendo su obra hacia Tierra Santa, Polonia. En Génova inaugura un Cottolengo. Acepta una obra en la isla Rodas para los huérfanos del martirizado pueblo armenio. Recibe el cariño y los elogios del Papa Pío XI por su ejemplar tarea apostólica. Los pequeños Cottolengos, son las obras que inicia Don Orione con esta consigna: “La oración, sólo la oración es nuestra fuerza. Y al que llame al Pequeño Cottolengo no se le preguntará si tiene nombre, o una religión, sino si tiene un dolor”. Tomando el ejemplo de lo que hizo un gran santo en Turín: San Luis Benito Cottolengo (1786-­1842).

En 1934 inició su segundo viaje a Argentina para quedarse varios años hasta 1937 y recorrer el interior del país y varios países de América del Sur. El 24 de septiembre de 1934 en el buque Conte Grande partió desde el puerto de Génova hacia Buenos Aires acompañado de sus sacerdotes PP: Cerasani, Felici y Lorenzetti. Pero había otros ilustres pasajeros que iban al Congreso Eucarístico Internacional a realizarse en Buenos Aires, entre ellos el Cardenal Eugenio Pacelli como Legado Pontificio, luego el gran Papa Pío XII, quien les decía sonriendo a quienes iban a besar su anillo episcopal: “Vayan a besarle la mano a Don Orione, que es un santo”.

Tuvo una activa participación Don Orione y los suyos, en el 32 Congreso Eucarístico Internacional entre el 10 y 14 de octubre de 1934 en Buenos Aires, donde participaron más de dos millones de fieles. En este magno evento, Don Orione le manifestó al doctor Gonella, que Monseñor Copello que estaba construyendo tantas iglesias, no moriría sin verlas quemadas. Luego del Congreso Eucarístico decidió fundar el Pequeño Cottolengo argentino. El mismo eligió el lugar, y el 28 de abril de 1935, con la presencia del Presidente Justo, el Nuncio Apostólico, Obispos, Embajadores extranjeros, personalidades, bendice la piedra fundamental en la localidad de Claypole. Obra espléndida que cuenta hoy con veinte pabellones y cerca de mil enfermos, una hermosa y amplia Iglesia en la que se guarda en un lugar especial el corazón incorrupto de Don Orione desde el año 2000. Una verdadera ciudad de la Caridad.

Estando en una oportunidad en el Arzobispado de Buenos Aires acompañado por Monseñor Maulión, llegaron a la curia un grupo de hermanas que habían arribado desde Italia, solicitando hospitalidad, la que les fue negada, a pesar del pedio a favor de ellas de Don Orione, quien mirando con aire profético las paredes de la curia, exclamó: “Eh, le fiamme, le fiamme! Bruceranno anche la curia”. "Eh, las llamas, las llamas! La curia también será quemada ”  Don Orione no dijo todo lo profético de una sola vez y a un solo grupo de personas, sino que iba diciendo aquí y allá, a uno y a otros, según sentía la inspiración divina. Por ejemplo, el Padre José Smiriglio escribió que antes de viajar a Roma para terminar sus estudios en 1936, le pidió a Don Orione vestir la sotana, quien le respondió: “¡La sotana! y pensar que llegará un día en que los sacerdotes no querrán usar la sotana”.

El mencionado Padre Smiriglio en una carta enviada el 16 de junio de 1973 a una señora Virgilia Dolores Fernández, entre otras cosas, le decía sobre las profecías de Don Orione, que: “Había leído los apuntes que tomó el Padre Juan Carminati”, en un almuerzo en Carlos Pellegrini 1441, Capital Federal el 10 de diciembre de 1935. Carminati que no era aún sacerdote, servía la mesa, y a medida que escuchaba, iba tomando nota. Acompañando a Don Orione estaban los sacerdotes José Zanocchi, José Dutto y el Padre Fantón de Mar del Plata. Don Orione predijo cosas tan tremendas, y el Padre Fantón le decía: “¿Ud. está seguro lo que dice? ¿no tiene fiebre?” Don Orione expresó que los motivos de las calamidades predichas eran tres: 1. Esto no es libertad, sino libertinaje. 2. Los ricos están de espaldas a los pobres. 3. El escándalo de los encumbrados. Entre las calamidades que predijo figuran la quema de las iglesias. Devastaciones de ciudades. Que la sangre llegaría al río en Buenos Aires. Ríos de sangre en Córdoba. Que de la Basílica de Luján no quedaría piedra sobre piedra y que Argentina caería en manos del comunismo”. Estos anuncios proféticos Don Orione los supeditaba a una condición: “Si la Virgen Santísima, de la cual los argentinos son muy devotos, no intercede”.

El Padre José Zanocchi da fe de lo siguiente que profetizó Don Orione: “La salvación vendrá del centro de la República, y de tanta sangre que lavará tanta culpa, nacerá una flor: Una Argentina cristiana y floreciente. La paz y la felicidad renacerán para una gran fiesta de la Santísima Virgen María. Un gran civil católico gobernará el país brillantemente, mientras un Obispo excelso regirá los espíritus santamente. Habrá paz y prosperidad por muchos años, pues el Señor se ha acordado de nuestro país desde aquella noche memorable del Congreso Eucarístico Internacional de 1934”.

Don Orione le dijo al doctor Bourdieu que: “Los argentinos son de buen corazón, pero presuntuosos, confiados de sí y flojos aún el clero. Que Argentina se salvaría por su devoción a la Santísima Virgen María”.

Es bueno recordar que siempre repetía que tendríamos una gran confusión, una gran confusión y también repetía que veía al Sagrado Corazón de Jesús formar de la nada el ejército pacífico de la Caridad, que llenará de amor los surcos del odio.

Monseñor Francisco Vicentín, Obispo de Corrientes, lo había invitado a Don Orione a venir y visitar Itatí. El 26 de junio de 1937 llegó a Corrientes y él lo cuenta así: “Llegué a Corrientes anoche. Monseñor Vicentín me había mandado a buscar a Resistencia, me recibió con muchísima cordialidad y quiso dar una cena en mi honor, con invitados y todo”. Don Orione y el Padre Juan Lorenzetti que hacía de secretario, pasaron la noche en la sede del actual Arzobispado de Corrientes. A las cinco de la mañana del día 27 de junio Monseñor Vicentín estaba levantado para despedirse de ambos que siguieron viaje hasta Itatí, donde permaneció dos días junto a su querida Virgen de Itatí y a sus sacerdotes. Fue un encuentro de mucha alegría y emoción. Bien entrada la noche del día 28 de junio tomó el vapor “Iguazú” que lo llevaría navegando por el Paraná hasta Rosario, donde estuvo con los suyos y Monseñor Caggiano. En agosto de 1937 se despide de sus allegados y emprende el regreso. Una inmensa muchedumbre lo despidió en el puerto, las autoridades y el Presidente de la Nación Agustín P. Justo. Sus últimas palabras al despedirse fueron: “Vivo o muerto volveré a mi segunda Patria, Argentina”. Falleció en San Remo el 12 de marzo 1940. Su cuerpo se mantiene incorrupto en una urna de cristal en el Santuario de Tortona. Fue beatificado el 26 de octubre de 1980 y canonizado el 16 de mayo del 2004 por San Juan Pablo II.

Que la fe y fortaleza de Don Orione nos contagien para dar el buen combate con la oración diaria del Santo Rosario, que tantas naciones salvó, refundando nuestra Patria con el Amor, la Verdad, la Justicia y la Paz. Fecha  29 abril 2019

http://diarioepoca.com/959994/las-profecias-de-don-orione/

martes, 13 de agosto de 2019

LA MIRADA DE DON ORIONE


Publicada en Revista Don Orione #76 - Descargala gratis
(12/08/2019) En agosto de 2003, el P. Roberto Simionato, entonces Superior General de los Hijos de la Divina Proviencia, escribía una carta a la Familia Orionita en ocasión de los preparativos a la canonización de Don Orione, presentándonos un gran desafío: “Lo mirarán a él, nos mirarán a nosotros”. La Iglesia, los pobres y todo el mundo buscarían en nosotros sus rasgos, sus sentimientos, sus ideales e incluso su mismísima mirada.
Don Orione sabía ver las necesidades que otros no veían, su mirada se posaba paternalmente en el indigente, en el huérfano, en el excluido. Sus ojos llenos de caridad tocaban los corazones, irradiando paz, comprensión y misericordia.
Una paternidad que se traslucía
La mirada de padre de Don Orione fue uno de sus más bellos atributos que quedó en el recuerdo y en el corazón de tantos jóvenes, religiosos y laicos, que nunca la olvidaron.
En 1928, el P. Cesar Morelati ingresó a la Congregación en Italia con sólo doce años. Su mamá lo acompañó en ese primer encuentro con el santo: “Me llevó a la presencia de Don Orione aquel día inolvidable. Nos recibió con una sonrisa grande, con esos ojos luminosos y con un semblante que nos acariciaba con la mirada”.
Ya anciano, describía de modo detallado la mirada del Fundador y lo que esta producía: “Lo que le fascinaba a la gente, tanto jóvenes como adultos, era la paternidad de su afecto, que se manifestaba de inmediato en sus palabras pero más especialmente en sus ojos. Estos eran capaces de toda expresión: de bondad, de inteligencia, de compasión, pero también de ira y de indignación. Ojos negros, grandes, luminosos; sonreían, escrutaban, hechizaban. Eran las ventanas de un alma rica de todos los recursos, vibrante en la más extensa gama de los sentimientos. Su paso cansado y su aspecto a veces triste, podían no dar la impresión del hombre que era. Pero de pronto, reavivado por un sentimiento, los ojos se le iluminaban, la cabeza se erguía y Don Orione parecía otro, aún físicamente. El cambio era rapidísimo y sorprendente. Buscaba con la mirada luminosa a Cristo entre sus predilectos, los desechados por la sociedad, hasta desear finalizar entre ellos la jornada laboriosa de su existir”.
El transcurrir del tiempo no había borrado ese bello y profundo recuerdo.
Una ternura que tocaba los corazones
En la década del ’30, Carlos Berón de Astrada era un cadete del Colegio Militar de la Nación, quien tras un encuentro con Don Orione, dejó las armas para seguir a Jesucristo, como hiciera san Ignacio de Loyola: “Mi hermana quería ver a Don Orione, entonces mi padre me dijo que la acompañe y así lo hice. Llegamos a la casa de Carlos Pellegrini, donde mucha gente esperaba para hablar con Don Orione, quien en ese momento estaba atendiendo una persona. De pronto, se abre la puerta, y sale Don Orione, me clava la mirada y me dice: “Ven aquí, que voy a confesarte”, yo no entendía nada y fui atónico. ‘Inginocchiatti’, me dijo, y me arrodillé. No recuerdo lo que me dijo, sólo recuerdo su mirada”.
Esa confesión marcó un antes y un después en su vida. Pidió la baja y fue tras el Santo, llegando a ser uno de sus más estrechos colaboradores. Los años había pasado desde aquel primer encuentro, pero su rostro seguía transfigurándose al recordar esa mirada.
En esa misma época, el joven periodista y escritor Manuel Mujica Láinez entrevistó a Don Orione para el diario La Nación. Este fue el comienzo de una profunda amistad entre ambos.
Décadas después, la pluma traducía en palabras sus sentimientos: “He tratado, en el curso de mi vida, por exigencias profesionales, a bastante gente singular; he conversado con príncipes y con grandes artistas y escritores. Lo he visto pasar a Pío XII por la nave central de San Pedro, en la silla gestatoria, poco antes de su muerte. Y nadie, nadie me ha impresionado tanto como Don Orione. Nunca he captado tan próxima la presencia de lo sobrenatural. Ninguna mirada me ha sondeado como la de sus ojos, tan bondadosos y tan sabios; ninguna mirada ha penetrado de tal manera en mí, ni ha andado así, por los caminos de mi sangre, hacia mi corazón, reprochándome y perdonándome”.
En enero de 1936, Giovanni Marchi, embajador italiano en Chile, impresionado por esa mirada, quiso de algún modo inmortalizarla: “Testigos oculares afirmaron que el embajador tenía como una obsesión: lograr en una fotografía no solamente el rostro de Don Orione sino tener un documento de sus ojos excepcionales cuya mirada era dulce y temida por ser como una espada afilada que entraba en el interior de uno. De ninguna manera consiguió llevarlo donde un estudio fotográfico y se decidió sacarle personalmente varias fotografías”.
Una mirada maternal
Todos coinciden en mencionar que la mirada del Santo de la Caridad era sobrenatural, llena de bondad y sabiduría; una mirada que sondeaba los corazones y transmitía la misericordia divina.
Pero a la vez, dos testimonios nos traen una descripción muy particular: los ojos de Don Orione reflejaban también dulzura y ternura de un modo maternal, femenino.
A pocos días de sucedido el terremoto de la Mársica, Italia, en 1915, Ernesto Campese, funcionario del gobierno italiano llegó al lugar del desastre. Allí se encontró con un tosco sacerdote que trabajaba en el rescate de las víctimas: “En efecto, fui enviado con trenes llenos de cosas a Avezzano y me conmovió este cura mal vestido, que corría aquí y allí, donde sea, llevando confianza. Quise hablarle, y, abordándolo mientras de trasladaba de un lado a otro, me invitó a seguirlo. Pero ¡qué paso que tenía! Por seguirlo tropecé en una viga entre los escombros; no pude aguantar una blasfemia. Don Orione se detuvo a mirarme; pero, extrañamente, me miraba como cuando de niño me miraba mi madre cuando me mandaba alguna macana.
Luego me dijo: “¿Cómo estamos en tema de religión?”.
Yo le respondí: “Tabla rasa”.
Y él: “¿Quiere llegar a ver a Dios?”.
Y yo: “Eh! ¡Si se me muestra!”
Don Orione: “Trate cada día de hacer un poco de bien”.
Este relato, parte del testimonio para el proceso de beatificación, presenta un interesante aspecto: un hombre de Dios capaz de mirar como una madre y enseñar a ver a Dios.
A fines del mismo año, siendo adolescente, el escritor italiano Ignacio Silone compartió un inolvidable viaje junto a Don Orione, el cual plasmó en un capítulo de su libro “Salida de emergencia” (“Uscita di sicurezza”): “Lo que de él me ha quedado mas impreso en el recuerdo, era la contenida ternura de su mirada. La luz de los ojos indicaba la bondad y clarividencia que se encuentran algunas veces en ancianas campesinas, en ciertas abuelitas que en la vida han sufrido pacientemente toda suerte de tribulaciones y por eso presienten o adivinan las penas más secretas. En algunos momentos tenía, verdaderamente, la impresión de que él veía en mí más claramente que yo; pero no me resultaba desagradable”.
En su obra literaria describe unos ojos que miraban y leían el corazón; ojos masculinos que miraban maternalmente y transmitían ternura, amor y bondad de una abuela.

La mirada de Don Orione

Ojos que irradiaban fuego y luz
La mirada de Don Orione era tan expresiva y transparente que permitía vislumbrar el proceso que atravesó su persona con el correr de los años.
Quienes los conocieron de joven, hablan de ojos llenos de fuerza y pasión. El P. Giuseppe Rota, ex alumno del Colegio Santa Clara, testimoniaba: “Tenía una mirada muy vivaz: a veces le era suficiente mirar a alguno en la cara para asustarlo; pero generalmente tenía una mirada penetrante y una expresión paterna, junto a una bella voz, ardiente y persuasiva”.
Y quienes lo conocieron en su ancianidad, hablan de una mirada llena de luz. Como el P. José de Luca, sacerdote, escritor e intelectual italiano, quien así recordaba sus encuentros en Roma: “Vi varias veces a Don Orione y sin ninguna dificultad. Le hablé, me habló. Verdaderamente sus ojos despedían luz y sus palabras curaban; toda su persona, vivísima, inquietísima, estaba en paz; y al besar su mano, uno se detenía como para abrevar en esta paz”. Por su parte, el senador italiano y amigo personal de Don Orione, Stefano Cavazzoni, se refería a una reunión con personalidades importantes de la ciudad de Milán en 1939, donde el Santo expuso su obra: “Quizás un discurso lleno de celo y de calor hubiera causado menos impresión que aquel viejo pálido, endeble, con una voz tan débil que era preciso contener la respiración para escucharla, pero con una luz en los ojos que valía por todas las palabras”.
El 1° de febrero de 1939 el embajador chileno ante la Santa Sede Carlos Aldunate Errázuriz y su familia visitaron a Don Orione en Tortona. La Sra. Adriana Lyon Lynch, esposa del diplomático, escribió en su Diario de Viaje: “Salimos temprano camino de Tortona (...) En el pueblo subimos a su casa, muy pobrecita (...) Al poco tiempo llegó un sacerdote viejito, humilde de apariencia, con una mirada vivísima a la vez que de una bondad y simpatía impresionantes, nos hizo entrar a su pieza de trabajo, pobrísima, con una pequeña estufa, su mesa y unas cuantas sillas de paja. Estábamos con Don Orione...”
Aquel seminarista hiperactivo que trasmitía fuego, se había convertido en un sabio anciano que iluminaba. Su cuerpo había envejecido pero sus ojos seguían tocando los corazones.
“Los ojos son el espejo del alma”
Quienes conocieron a Don Orione hacen referencia de su mirada, destacando la profundidad de la misma y capacidad de penetrar en el interior de las personas. Basta mirar sus fotografías para sentirse envuelto por la serenidad, la paz y la dulzura de sus ojos.
Estos recuerdos y testimonios nos emocionan e introducen en el misterio de la santidad de Don Orione; una caridad universal que llegaba a cada individuo, que no excluía a nadie. Aquellos ojos negros de mirada tierna y penetrante, irradiaban amor a Dios y amor al prójimo de un modo tan profundo que transforma la vida de las personas.
Animémonos nosotros también a mirar a los ojos del Santo de la Caridad, dejémonos abrazar por esa mirada de padre y de madre; que su amor nos toque y trasforme nuestra vida. Pidámosle al Señor la gracia de poder ver como Don Orione veía, tener una mirada como la suya, capaz de transmitir amor, paz, serenidad y misericordia. Y así, cuando nos miren a nosotros, lo vean a él.

viernes, 12 de julio de 2019

REGLAS DE LA CONGREGACIÓN ORIONITA



Las primeras reglas del manuscrito fueron elabora das por Don Orione inmediatamente después de la aprobación canónica de 1903.  Aquí La versión completa del precioso documento.
REGLAS DE PRIMER MANUSCRITO DE 1904
Don Orione, en los primeros días de febrero de 1903, se dedicó a desarrollar algunos artículos, 7 en total, para definir el espíritu y el propósito de la Congregación. Estos 7 artículos, que definió como "principios supremos", precedidos por una amplia presentación y seguidos por un comentario igualmente abundante, formaron la parte central de la carta con la cual, el 11 de febrero de 1903, solicitó al obispo Bandi la aprobación diocesana. . [1] El 21 de marzo de 1903, Mons. Igino Bandi firmó el Decreto que "aprobó y confirmó la Obra de la Divina Providencia como una congregación de votos simples". [2]
Don Orione consideró los 7 puntos de los Principios como "verdaderas Constituciones summatim" [3] . Pero las normas emitidas por la Sagrada Congregación de las VVs. y RR, articulado en hasta 325 puntos, no pudo encontrar la respuesta completa, ni siquiera "summatim", en solo 7 artículos de los "Altos principios”. Por lo tanto, se tuvo que elaborar un nuevo cuerpo de constituciones, especialmente dado que la primera condición establecida por Mons. Bandi, para que el decreto de aprobación tuviera su valor, era que el texto de las Constituciones "se terminara en todas sus partes. " [4] ..
Para su compilación, Don Orione se inspiró en la regla benedictina [5] y se refirió a las Constituciones salesianas; [6] encontró una ayuda válida en Don Carlo Perosi y, al menos para la traducción del texto en latín, en Don Gaspar Goggi. [7] Fueron aprobados por Mgr. Bandi en 1904 [8] y se mantuvieron en estado de manuscrito.
Estas primeras Reglas nos han llegado como manuscritos, en forma italiana y en versión latina, para la diligencia de Don Gaspar Goggi y Don Carlo Sterpi. [9] Llevan el título: "Reglas [10] de la Congregación" La Obra de la Divina Providencia ". El tema se distribuye en 26 artículos. Presentamos el texto completo en italiano tal como aparece en una copia manuscrita con letra del Siervo de Dios Don Gaspar Goggi.
Instaurare omnia en christo!
(S. Paulus ad Ef. 1 - 10)
REGLA DE LA CONGREGACIÓN
"La Obra de la Divina Providencia"
1 - La Congregación, la "Obra de la Divina Providencia" dedicada a Nuestro Redentor Jesucristo, a la siempre bendecida Virgen María, a San José, Patrona de la Iglesia, al Beato Arcángel Miguel, a los Bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y a todos los Santos. está formado por cristianos fieles que, ardiendo de ardiente deseo de discipulado del mismo Maestro Divino y Nuestro Señor Jesucristo, se consuelan y se ayudan mutuamente a la espera de su propia santificación.
2 - Por lo que los Miembros, haciendo la vida común, bajo la obediencia del Superior legítimo, con los tres votos de pobreza, obediencia y castidad, que se emitirán primero cada año durante tres años, y luego a perpetuidad, esperan con cuidado lal Santificación propia.
3 - El propósito de la Congregación es este: "unir al pueblo cristiano con la Sede Apostólica con un vínculo muy dulce y cercano de toda la mente y el corazón en el cual, según las palabras del Crisólogo, el Beato Pedro vive, preside y da la verdad de Fe a quienes la piden (Ep. Ad Euntes 2 °) por medio de obras de misericordia y principalmente informando a las mentes de los jóvenes sobre el espíritu puro de la fe católica, evangelizando a los pobres y consolando por el amor de Nuestro Señor Jesucristo. fatigado y agravado”.
Nada, por lo tanto, es más importante para los Congregados que aumentar más y más en la mente de los fieles, especialmente los más pequeños y los pobres, los sentidos de la devoción y la obediencia al Santo Pontífice, más feroz es la guerra que se lucha contra él. , y no buscan nada con mayor esfuerzo, que regresar cuando el Señor complacerá a la unidad primitiva de la Iglesia quienes, aun sabiendo y confesando ser Cristo nuestro Señor, Hijo de Dios y Salvador de la humanidad, también se alejan. De su novia: la Santa Madre Iglesia.
4 - Los miembros de esta congregación son laicos o sacerdotes: los laicos son llamados "hermanos"; Los Sacerdotes "Hijos de la Divina Providencia".
5 - Aquellos sacerdotes que luego de haber hecho votos perpetuos, como se mencionó anteriormente, serán considerados dignos por el Superior, podrán formar parte de una sección especial, teniendo una obligación especial, sin voto, de servir en todo y para todo al R. Pontífice. como siervos hasta la muerte e hijos del Papa. Deben haber hecho un sacrificio continuo y total de sí mismos a la voluntad de los Superiores: viven solo para la Santa Iglesia, siempre dispuestos a morir.
6 - Quienquiera que solicite que se le cuente entre estos Congregados se pregunta a sí mismo cuidadosamente sobre los lazos con los que podría estar vinculado por la justicia o la caridad, tanto por las condiciones naturales del estado, para que otros tengan derecho a alguna parte de la libertad o de su trabajo, y él debería prestar esto en beneficio de otros, en cuyo caso nadie tiene que ser admitido en la profesión de los votos de la Congregación.
7 - Sin embargo, para que aquellos que están limitados por los impedimentos mencionados no se vean privados de la ventaja que podrían derivar de la atribución de la Congregación en el Señor, y de ayudarlos a ejercer las obras de caridad, parecía excelente establecer que estos fieles cristianos, aquellos que lo desean y lo piden, estaban cerca de la Congregación con el vínculo del espíritu y con la comunión de los bienes espirituales, y aquellos entre ellos que anhelan con todo su espíritu seguir la perfección y estarían dispuestos a hacer votos. , si les fue entregado, se consideraron " niños adoptados" ; que todos los demás que tienen un buen nombre se llaman adscritos al Instituto o " terciario".
8 - La primera prueba de aquellos que creen que están ingresando a esta Congregación consiste en un examen, instrucción y ejercicio. El Postulante quiere ser examinado ante todo para saber si tiene cualidades que sean apropiadas para quienes ingresan a esta Congregación de acuerdo con la diversidad de los títulos y cargos de la misma. Por lo tanto, debe ser instruido sobre la naturaleza de esta Congregación y las obligaciones que tiene en ella, para que nos entre con pleno conocimiento y libre albedrío. Y, finalmente, poco se debe ejercer en obras de piedad, de modo que ingrese al Noviciado con una conciencia purificada, o que se considere digno, para ser recibido en el número de Ascritti.
9 - Aquellos que luego pasan del primer período de prueba al segundo, que es el Noviciado, para que siempre puedan perseverar y crecer cada vez más en la virtud y con la ayuda del Señor Jesucristo ser promovidos a la perfección, y confirmados en ellos, son indiferentes Todas las cosas de este mundo, que solicitan un solo negocio, es decir, servir a Dios en la caridad de acuerdo con la obediencia de toda su vida e incluso en la muerte misma, necesitan muchas curas y una disciplina sagrada, que los invocará suavemente en el Señor para purgarse a sí mismos. Más y más, día tras día, de cada defecto, para adornarse con la virtud y unirse más íntimamente con Dios.
10 - Aunque el Superior es el Padre Espiritual de todos aquellos que viven en la Casa, bajo una disciplina piadosa, y sean su Maestro, como el que toma el lugar del Señor y, por lo tanto, debe amar a los novicios en el Señor con un amor singular; sin embargo, debido a que está ocupado y distraído por otras preocupaciones, no puede ser temprano en cualquier momento para darles esa dirección y la ayuda que necesitan, será necesario contar con un hombre fiel y valioso en el hogar, a quien el Superior pueda confiar. estas entrañas suyas, para que pueda ocupar su lugar, siempre conversando con los novicios, enseñándoles en todo momento el gobierno de su vida, tanto interior como exterior, exhortándolos a que lo practiquen, reduciéndolos a su mente y con toda dulzura, enseñándoles.
11 - Que haya alguien en la casa que sobreviva en todo lo que concierne a la salud del cuerpo, tanto para preservarlo en los sanos y especialmente en aquellos que, por edad u otras causas, son más débiles, y que lo devuelvan a los enfermos; y advierte a todos aquellos que se sienten mal fuera de lo común, para que, como la caridad lo desee, se proporcione el remedio apropiado.
12 - En lo que respecta a la conservación de los bienes temporales, además de cuidar todo lo que imponen la caridad y la razón, será bueno que este cargo sea un compromiso peculiar, para que pueda cuidarlo como bienes de Cristo nuestro Señor. También es necesario configurar el número conveniente de personas destinadas a las otras oficinas necesarias, especialmente las que se realizan más convenientemente en el país y en el extranjero.
13 - También es apropiado, de hecho, es necesario, que todos tengan su arte, en el que trabajas asiduamente e incansablemente, también por la palabra de Dios: "Comerás pan con el sudor de tu frente" (Génesis 3) que se puede decir. Ley constitutiva de la raza humana caída, y también para establecer un buen ejemplo para los forasteros.
14 - Los llamados a los estudios eclesiásticos deben ser tales, que puedan razonablemente creer que son aptos para cultivar con el ejemplo y con la doctrina la viña de Cristo NS que, cuanto más geniales y sanos estén para apoyar el esfuerzo de los estudios, pero más aún, cuanto más dan un signo de naturaleza contemplativa, más serán adecuados para la vida sacerdotal.
15 - Es extremadamente importante que no se haga nada en esta Congregación por pura forma o apariencia, porque las apariencias vanas no tienen valor y lo que es más, tal manera de hacer se opone a la Verdad Eterna y Todopoderosa; y, sin embargo, con la ayuda de Dios y Nuestro Señor, cuidando de proporcionarle todos los cuidados necesarios, de modo que, en honor y gloria, dejen de lado toda aceptación de personas y toda esperanza falaz de mayores ventajas, nunca se admite a nadie en la Congregación que no haya existido antes. Dios juzgó que era verdaderamente digno de la medida en que se asumió y que de alguna manera no tiene la perfección que es apropiada en ese grado. Para ser firmes, se debe engañar a los que pensaron que, para aumentar el número de miembros de la Congregación, tenían que admitir que aún no estaban bien formados en la medida en que estaban destinados. Ciertamente es mejor y se debe creer que está más en conformidad con la voluntad divina, porque está más en línea con la verdad y la justicia eternas, que esta Congregación, que quiere formarse únicamente sobre la bondad de la Divina Providencia, también puede estar compuesta por muy pocas, o no existe en absoluto, En lugar de llenarse de religiosos de nombre único, quienes con las obras y con el punto espiritual no se corresponden con la vocación y la perfección que se les propuso profesar en la Congregación.
16 - La facultad de admitir estudiantes en la Congregación reside principalmente en el Jefe de la Congregación. Pero debido a que el Superior general no puede estar presente en ningún lugar, puede, por lo tanto, delegar en otros miembros de la Congregación la parte de su autoridad que mejor conduzca al bien de toda la Congregación.
17 - Ya que la perfecta pobreza evangélica consiste en esto, que todos renuncien a lo que posee para seguir a Cristo, de acuerdo con el ejemplo de los Apóstoles, quienes dijeron: "Aquí lo hemos abandonado todo y te hemos seguido" (Mateo 19), por lo tanto, precisamente esto. La pobreza ilimitada es aquello a lo que la mente y la intención de los Miembros de esta Congregación giran y que quieren abrazar y abrazar para que todos tengan la intención, en la medida de lo posible, de contemplar y disolver de cualquier otro modo. mundano, puedo decir con verdad a Jesús, su Dios y su Salvador: "Oh Señor, parte de mi herencia y de mi copa, tú eres el que me devolverá mi herencia (Salmo XIV).
18 - Pero la pobreza evangélica profesa muy bien también a aquellos que con un simple voto de pobreza renuncian al dominio de las cosas temporales de tal manera que en el tiempo aún conservan la sustancia de este mundo, no por afecto por ello, ni por su propia voluntad (con la cual se despiden de todas las cosas, pero solo por obediencia y solo con respecto al dominio externo. La razón por la cual los miembros de esta Congregación fueron persuadidos de que, dada la naturaleza y el propósito de su Instituto, es mejor dar al Superior General la facultad de determinar qué miembros y hasta que tengan que considerar el dominio legal de algunos bienes, sin pero para poder usarlos y disponer de ellos como propios, para que solo la obediencia del Superior General los distribuya en obras piadosas de acuerdo con el consejo evangélico y como bienes de Jesús Crucificado a quienes se lo dieron todo. Por lo tanto, para obedecer, también tendrán la voluntad de disponer de los activos de los que disfrutan el dominio legal, pero estas disposiciones tendrán que ser revocadas y conmutadas a la aprobación del mismo Superior.
19 - Los miembros de la misma profesión se abrazan con el espíritu y con la voluntad todos los grados de pobreza evangélica y se profesan dispuestos no solo a mendigar por el amor de Dios, sino también a renunciar a la dominación legal y de facto, obligándose a hacerlo también con Simple voto, cuando así se le apareció al Superior.
20 - Pero más allá de eso, hay algunas cosas que siempre se deben observar con respecto a la pobreza, contra las cuales nadie puede trabajar y ni siquiera el Superior General dispensa sin violación de voto, que se incluyen en estos cinco puntos :
  1.  La Congregación en sí misma no puede poseer nada de lo que dé frutos; pero solo aceptando bienes que se le darán o atarán a ellos, con esta condición que, mientras los considera, no percibe ningún fruto; pero transfiérelos inmediatamente al dominio de un miembro del Cuerpo de la Congregación o de una Iglesia, o de algún trabajo de caridad, como escuelas, hospitales y similares, dividido por el Cuerpo de la Congregación, aunque tenga la administración de todos estos bienes y servicios. disfruta del uso y la fruta, sin embargo, se asegurará de que los bienes estables estén inscritos en los registros públicos, no en su propio nombre, sino en el nombre de los propietarios mencionados.
   2. Los miembros, que en virtud de la obediencia al Superior de la Congregación pueden poseerlos a tiempo, no aceptarán, después de haber pronunciado votos perpetuos, bienes de cualquier tipo, en cualquier capacidad que puedan tocar, excepto que no fueron ordenados por el Superior: y todos los bienes que tenían. así poseídos por la dominación civil, serán administrados en común y la Congregación se encargará de ello.
   3. Ningún Miembro podrá poseer ningún bien que dé frutos durante más de un año, sin que esta fruta se aplique al sustento de algún miembro u otro trabajo de caridad. El Superior General determinará los ingresos necesarios para el sustento de los Miembros individuales, Cuenta de lugares, tiempos y otras circunstancias. Pero cuando los bienes antes mencionados y sus frutos fueron aplicados una vez por decreto del Superior General a algún trabajo de caridad, deben permanecer firmemente aplicados, mientras dure el trabajo en sí, a menos que alguna razón urgente y manifiesta convenza al público. a diferencia del Superior general y de otros tres de sus cuatro consejeros más cercanos, cuyo voto en este caso particular es necesario para ajustarse a los suyos, de modo que su autoridad en este caso es válida.
    4.No esté en las Casas o en los lugares de la Congregación, un objeto precioso en material sólido de oro o plata, que es nuestra propiedad, excepto los vasos sagrados y aquellas cosas que sirven de inmediato al Santo. Sacramento de la Eucaristía, o para preservar las reliquias de los santos, excepto también lo que el Superior General considere necesario para el uso de extranjeros, o para la ayuda de estudios, o para otra cosa.
 5.   Todo, en lo que se refiere al uso, es común, y nadie puede hacer uso de nada que no haya sido recibido por el Superior.
21 - Y todos los Superiores, en la casa que les pertenece, observan la pobreza con amor, para que nada parezca superfluo en las casas e indecoroso para los pobres de Cristo, sino que todo a quien entra predica: "Morituro satis". Todos los miembros aman la pobreza como un muro sólido de la Congregación y, en la medida de lo posible, al ayudar a la gracia divina, la observan perfectamente.
Pero dado que el enemigo de la naturaleza humana para hacer que esta propulsión se caiga y se levante el abrigo, por consejo de él y de los otros enemigos de la perfección, generalmente hace todo lo posible para asegurar que los buenos ordenamientos de los primeros fundadores se debiliten por declaraciones e innovaciones que son consistentes con sus primeros espíritu; Si deseamos proveer para lo que se nos da, también en esta parte para el bien de la Congregación, establecemos que cada miembro de la misma, que está inscrito en la sección especial, en el acto que se le atribuye a este grado, promete al Superior General o a quién. él toma su lugar, y aquellos que estarán con él, y protesta ante la Destreza del Creador y Nuestro Señor que nunca dará su consentimiento, para que nada se pueda relajar de lo que establece la Regla sobre la pobreza, ni procurará esto por ninguna razón o Solo, ni en el Capítulo de la Congregación.
22 - El voto de castidad que emiten los miembros de esta Congregación, en relación con el tema, queremos que se nos entienda de la misma manera que la Iglesia pretende el voto de aquellos a quienes, en la Ordenación Sagrada, el matrimonio ha prohibido por ley, para que en el futuro puedan cumplir. Alma y cuerpo sagrados a dios solo.
23 - Dado que el estado que los miembros de esta congregación eligen y aman sinceramente es un estado privado en la Iglesia, ningún creyente debe ponerse en un rango público, siempre debe tener ante sus ojos que pertenecen y quieren pertenecer, siempre y cuando permanecen en ese estado, la Iglesia que aprende, y por lo tanto nunca quieren arrogar a la Iglesia el oficio de maestros, pero humildes se someten en todo a los maestros y jueces establecidos por Jesús, Dios y Salvador Nuestro, y a los Pastores de la Iglesia.
24 - Aquellos que luego ocupan el lugar de los súbditos en la Congregación vienen a conocer con certeza la voluntad y la misión de Dios, siempre que reciban obediencia de los Superiores con la intención de recibirla de Jesús, Dios y nuestro Señor, que siempre honrarán a los Superiores, y esta manera de obediencia es llamada constantemente por los Padres como la forma más segura y directa.
25 - Si alguna vez quisieron algo, le piden al Superior, o a cualquier persona privada, sin la facultad o aprobación de él, ya sea directa o indirectamente preguntando o preguntando a otros, fuera de la Congregación, algo de gracia para uso propio o ajeno; y él está convencido de que cuando a través de su Superior, o con el consentimiento de Él, no obtiene lo que quiere, esa cosa no le conviene para el servicio divino, y que si le conviene, lo obtendrá con el consentimiento del Superior, como el que guarda para él el lugar de Cristo nuestro Señor.
26 - El Miembro que ingresa a esta Congregación se propone a sí mismo, y con el voto de la Santa Obediencia promete a Dios y a toda la Congregación, ser indiferente a todos los oficios de caridad que los Superiores le ordenarán que ejerzan, sea grave o leve que parece, o está, de tal manera que está dispuesto con gracia divina pasar incluso la vida de uno donde la mayor gloria de Dios y el servicio al prójimo lo requirieron, en imitación del GC Redentor y Nuestro Señor: de hecho, los Superiores lo recibieron y lo agregaron a la Congregación, después de haber sido persuadidos por los experimentos, que efectivamente ha adquirido un espíritu tan fuerte como para observar fielmente la indiferencia prometida con la ayuda de la Divina Misericordia.
* * *
Solo después de la profesión perpetua, emitida antes de Pío X el 19 de abril de 1912, se preparó Don Orione para revisar las reglas del manuscrito de 1904. Poco cambió el texto primitivo, tanto para definir, incluso los de 1912, " Constituciones primitivas", [ 11] pero dedicándole a usted el habitual y laborioso y meticuloso compromiso, [12] especialmente para traducir con fidelidad las "correcciones" sugeridas de Pío X. [13] Las primeras "Constituciones de los Hijos de la Divina Providencia impresas podrían salir a principios de octubre de 1912.
[1] Esta carta es de fundamental importancia para conocer identidad y carisma; presente en las Cartas I, 11-22.
[2] Ver A. Lanza, La Aprobación Canónica de la Congregación en 1903 , "Messaggi di Don Orione" 35 (2003) n.110, pp.5-38; F. Peloso, Algunas preguntas sobre los orígenes de la Pequeña Obra de la Divina Providencia , "Messaggi di Don Orione" 35 (2003) n.110, pp.39-61.
[3] Escritos 30, 60.
[4] ADO, Epistolario de Mons. Bandi .
[5] "Nuestra Regla es la Regla de San Benito" (Acta de las reuniones, página 70).
[6] "Para una deliberación tomada (septiembre de 1902), se estableció, hasta que la Obra de la Divina Providencia tenga sus propias reglas aprobadas , para adoptar las Reglas y las Constituciones de la Sociedad Salesiana" ( Scritti 87, 39).
[7] Ver AFTER III, 436ss.
[8] Reuniones, 70. No sabemos la fecha exacta.
[9] El padre Sterpi las transcribió en su cuaderno, junto con el Formulario de profesión religiosa y la Fórmula de votos.
[10] En la versión latina, el título está en singular, "Regula". El n. 32 de las Normae, sin embargo, establecieron que el término "Regla" estaba reservado para los ritos solemnes, mientras que las congregaciones simples tenían que usar "Constituciones".
[11] Palabra, XI, 64.
[12] Además de cinco fragmentos de actas, hemos recibido nueve borradores con el texto completo: tres con la materia distribuida en 26 artículos, como en 1904, y seis con la distribución en los 30 artículos, que aparecerán en la edición final del 1912.
[13] Particularmente elaborada fue la dicción de la adición sugerida por Pío X, contenida en n.VIII, concerniente a la sección especial de " Guardias juradas de la fe y la doctrina católica: siervos fieles hasta la muerte e hijos del Papa ", que deberán ser " Listo, por su doctrina infalible y su constitución divina: por la libertad real de la misma, y ​​por todo derecho espiritual o temporal , reclamado por el Papa, siempre morir" .